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jueves, 3 de mayo de 2007

EL MARAVILLOSO MUNDO DE LAS REGATAS

Sin duda una se caracteriza por su profundo amor hacia el campo deportivo, mas concretamente hacia todo aquel deporte de equipo o individual practicado por hombres musculados y preferiblemente con poca ropa. No se me ocurriría ver un campeonato de billar o el encuentro internacional de mus a no ser que tuviera poderosas razones. Dentro de la lista negra estaba también el glorioso deporte de la vela. Pero como es de humanos equivocarse rectifico.

Este fin de semana hemos ido a la American’s Cup. El recinto portuario, lleno de italianos vestidos de marca, pleno de “casetas” de los patrocinadores con pequeñas exposiciones y tiendas de equitación deportiva. Como no todos saben la Copa América se denomina también “Copa Luis Vuiton” y los señores regatistas están exponsorizados por gente como Prada lo que convierte a las tiendas en una parada obligatoria.

¿Cómo ganan estos señores esta copa?

Bien, esta es la parte cultural que puedes saltarte si no te interesa un comino. Yo lo escribo porque me veo en la obligación de dar un poco de cultura a las masas. Esta es la única regata que se realiza en equipo. Hay un Defender que es el ganador de la edición anterior y que es también el que acoge el evento pues ganar la Copa América significa que ganas también su sede y 11 Challengers que son los equipos aspirantes. La primera fase de la competición es por parejas (que es la forma habitual) donde ganan dos puntos por cada victoria y los cuatro que lideran la clasificación pasan a las semifinales que se disputan al mejor de nueve. El año anterior el equipo Alighi de Suiza se hizo con el triunfo pero debido a una cuestión técnica de poca importancia (no tienen mar) Valencia gano la sede por nuestro apasionante clima.

Así que al final lo único que sacamos en claro de las regatas es que hay un total de 17 tíos macizos en cada barco, todos morenos, ricos y vestidos de marca que salen a navegar en un barquito de 24 metros de eslora y un mástil de 32 metros de altura. Un espectáculo digno de presenciar con prismáticos vaya.

Nosotras que también somos súper aventureras tomamos un barquito, el aquabus que cruza de una parte a otra del puerto. Una travesía de dos minutos llena de emoción como os podéis imaginar.

Todo para subirnos al globo aerostático con mayor capacidad del mundo.

Lo curioso es que no funciona nunca y tiene la habilidad de ser cerrado cuando estamos aproximándonos bajo la excusa del mal tiempo.

¡Demasiadas emociones para tan poco tiempo!

1 comentario:

  1. Ver a los regatistas pasar con sus regatas no tiene precio!

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