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domingo, 24 de junio de 2007

SOY UNA VOYEUR

La gente tiene formas curiosas de decidir cuando empieza o termina una época del año. La mía es muy simple. Cuando abren la piscina empieza el verano.

Y la apertura de la piscina tiene un ritual en mi casa. El instante en que abre sus puertas saco uno de esos regalos de Reyes que piensas que nunca vas a usar: unos prismáticos profesionales. ¿Por qué? Simple. Nos reunimos Bea y yo en la terraza y valoramos la posibilidad de bajar a ahogarnos en función de lo bueno que esté el socorrista de cada año.

Este año las posibilidades son de un 50%. Y creo que la única vez que hubiésemos fingido un calambre para ser salvados se remonta a hace 13 años con un socorrista que tenía un gemelo (a cual más tórrido y ambos en bañador siempre). Nuestro hobbie era bajar a la hora de la comida cuando ellos hacían 50 largos y salían dela piscina empapados... Esa imagen me persigue aún en sueños.

Algunas personas pueden pensar que es una afición bastante inocente pero eso es porque no saben que cuando teníamos vecinos potentes los prismáticos eran los que decidían la hora del baño y espiarlos desde la terraza con el toldo bajado era el entretenimiento nacional. Siempre me he caracterizado por tener mucha mala suerte así que desde que el último vecino guapo empezó a perder pelo hace ya cerca de ocho años los prismáticos sólo salen de la caja una vez al año y nos conformamos con ver de vez en cuando “La ventana Indiscreta” para no perder las buenas costumbres...

1 comentario:

  1. Qué suerte tienes tú de tener piscina con socorrista... si yo miro por mi ventana solo veo mi piscina de toy hinchable, con el alrrededor lleno de avispas gracias a los charcos que forma la lona que la cubre...

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