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miércoles, 21 de mayo de 2008

MARATÓN INDIANA JONES

Me gustan los maratones. Es jorobado ponerte a ver del tirón El Señor de los Anillos, La Guerra de las Galaxias, Regreso al Futuro, El Padrino o las cinco entregas de Harry Potter. Parece una tarea titánica y sin duda tú sólo acabarías aburrido y al borde del suicidio. Pero son todas películas que al menos una vez al año tienes la necesidad de volver a ver por diversos motivos.

La excusa esta vez era el estreno de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal. Hacía dos años que no veía alguna de ellas (concretamente el Templo Maldito que siempre me ha parecido algo inferior en la saga) por eso (y para educar a Carlos como proyecto de fin de curso) ideamos el malévolo plan de hacer un maratón: Ver los tres Indys sin descanso (eso sí, con pausa para ir al baño, con chuches varias, sangría a litros y cenar que somos humanos leñe).

No voy a hacer una disertación sobre por qué Indiana Jones ha marcado una época. Ni a contar batallitas de mis recuerdos cuando vi La Última Cruzada en el cine. Tampoco es un secreto que profeso un inmenso amor por Harrison Ford a pesar de Caprichos del Destino, Lo que la Verdad Esconde y determinadas cosas que le perdono porque es el único y el indiscutible Doctor Jones (aka Han Solo ocasionalmente y no precisamente en ese orden).

Galán, caballero, canalla, gracioso, simpaticón, engreído, inteligente, arriesgado, siempre con ese cuerpo de estufa sin tableta de chocolate y poco fornido ¡Con el modelo de hombre que se lleva ahora seguiría siendo carpintero! .

Harrison Ford es un héroe a la antigua usanza. Es un superhéroe como los de antes, como Superman, que cuando se pone la pajarita y las gagas se convierte en un aburrido profesor de historia y cuando se encasqueta el gorro y el látigo se crece. ¿Nadie se ha planteado que sin gafas el pobre no debe ver un pimiento? Y por eso las nuevas generaciones deben descubrir al mito, al hombre que hizo que todos nos planteásemos fugazmente estudiar historia y hacernos arqueólogos.

La cosa acabó como tenía que acabar. Con los dos benjamines de la excursión luchando por ser los primeros en hacer notar si el gorro del intrépido aventurero se caía. Mientras algunos mordíamos los labios para no decir en que frame salía C3PO o dar datos ridículos sobre los errores históricos. Aguantamos valerosamente sólo para escuchar las valoraciones de aquellos que no las habían visto y que seducidos por la aventura en estado puro no se reían de los pobres efectos especiales o los fallos de guión dejándose seducir por Indy y sus colegas.

Ahora en el cine llega la cuarta entrega, recuperamos a Indy y a Marion y perdemos a unos cuantos personajes míticos, muchos de ellos por baja definitiva del mundo del cine. El fortachón que lucha con Harry ya no es el mismo, el amigo fiel e inseparable se fue para siempre, Michael Moore no lleva la segunda unidad, incluso los nazis nos han abandonado. Pero hay cosas que siguen intactas: La montaña de la universal al principio, el miedo por las serpientes y la sempiterna sonrisa torcida del señor Ford que será un sesentón pero no deja de ser el mayor héroe de todos los tiempos.

¡Dios salve a Indiana Jones!

3 comentarios:

  1. Si al final, así en perspectiva, tampoco te ha disgustado la cuarta... lo que pasa es que los años, o el rodaje, te ha convertido en una crítica gruñona.

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  2. Me ha parecido espantosa. Pero peor es aún que esté plateandome darle un cinco sólo por la devoción que debo al señor Ford... Aisssss. ¡Qué dura es la vida del crítico!

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  3. yo ire a ver la cuarta el domingo, supongo, pero prefiero no leer tus criticas sobre ella, porque quiero verla sin presiones de nadie!!!

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