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martes, 15 de julio de 2008

LAS DICHOSAS DIETAS

Tengo hambre. Voy a emular a la mítica Escarlata O’Hara y a arrancar un rábano en el parque mirando al infinito para que quede bien claro este punto. Si, ya sé que este afán por las dietas de la alcachofa suelen entrar un poco antes pero ante el inminente destino turístico de este año la cosa se ponía muy fea y es necesario perder unos kilitos para lucir palmito en las paradisíacas playas Menorquinas.

Eso de alimentarte sólo de cosas verdes como los animales siempre me ha parecido un poco absurdo. ¿No veis que las vacas están muy gordas? Sumemos uno más uno, si esos seres entrañables sólo comen hierbajos ¿Qué le hace pensar a un endocrino psicópata que seguir su misma base alimenticia funcionará para el ser humano?

El primer día la cosa no fue muy mal. Comer sólo cosas recocidas y eliminar lácteos, carnes, dulces, panes, y cualquier cosa que sepa, por simplificar, a algo que no sea arena está erradicado del menú. El segundo día se complicó. Tenía un compromiso social y en España cuando uno se relaciona acaba siempre en el mismo sitio: El Mesón del Jamón. Y claro, llegas con buena fe, la gente ya te está esperando, han pedido unas bravas y tú con cara agria tienes que ordenar:

- Una botella de agua por favor.

Y ya te miran mal. Lógico, ellos con sus cervecitas y sus tapitas y tú pagando lo mismito por una mierda de agua que por no tener no tiene ni gas. Pero piensas “Ya veréis ya, cuando dentro de un mes empiece a notarse el régimen os moriréis de envidia”. Eso consuela. Claro.

Al tercer día ves como todo lo que camina se convierte en comida potencial. Quieres morderle los helados a los niños por la calle y empiezas a tener alucinaciones. Los sentidos se agudizan y sabes si algún miembro de la familia ha abierto la nevera aunque estés en la otra punta de la casa, incluso, con un poco de esfuerzo podrías decir lo que están comiendo.

A estas alturas comienzas a pensar alternativas a tu dieta médica: La de la alcachofa, al hipocalórica, la hipercalórica, del Dr. Siegal, de Atkins, de Montignac, Mediterránea, … Cualquiera de ellas te parece mejor que la tuya. Pero es en este momento cuando me acuerdo de la de Marta: un día te alimentas sólo de bollería industrial a saco y el resto tienes barra libre de cosas verdes. ¡Coño! Es como la mía pero sin la bollería. ¿Qué pasa si introduzco esta variante?

Al cuarto día te pesas cada medio minuto. ¿Cómo puñetas es posible que todas las dietas que anuncian digan que perderás de cinco a diez kilos en diez días y después de cuatro comiendo verde has engordado uno? La vida es injusta. Como vuelva a oír en la tele a una modelo diciendo que come de todo y en cantidad porque Dios le ha dotado de una fisonomía delicada como la suya la corro a patadas por la Gran Vía.

Estamos ya en el punto pasivo agresivo. Pasivo porque decides que es mejor no hacer ningún ejercicio para no desgastar energías y sólo piensas en al hora en al que llega la siguiente ingesta de alimentos. Y agresiva porque decides contestarles a la pregunta retórica de ¿Qué tal? Si no querían saberlo que no hubieran preguntado coñe.

Tras la primera semana empieza a pensar en pesos y kilocalorías. Todo lo que cae en el plato parece poco. En realidad es poco pero intentas engañarte. ¿Cuántas veces alguien que está a dieta te ha dicho “si como muchísimo más que cuando no lo estaba”? Mentía. El resultado suele ser demoledor, perdida de 250 gramos más la humillación pública.

La segunda semana es mucho más entretenida. Hablas con los alimentos y negocias con la báscula. Los alimentos son un poco rancios y suelen tentarte pero la báscula es una autentica perra. No se mueve. Lo hace por jorobar. Yo amenacé a la mía con cambiarla por una de esas que te hablan y te dicen lo que pesas y lo que has perdido que me parece rechic si estas adelgazando y muy cruel en caso contrario: “Usted pesa medio kilo más que ayer, ja, ja”. ¿Quién inventó estos aparatos infernales?

Si pasa de la tercera semana está todo hecho. Te parece hasta normal pedir sacarina o lacar todo en “integral” y “light” aunque de vez en cuando sueñas con que patenten una pastilla milagrosa y acaben con tu sufrimiento que se prolongará unos meses más hasta que dejes de pesar el pan que comes y empieces a recuperar alegre y jovialmente lo perdido.

Y es que la gente se empeña en menospreciar a los gorditos. Pero paradojas de la vida. ¿Acaso tu endocrino está delgado? No. Seguramente sea un hombre con sus kilitos de más. ¡Y ahí le tienes, sentando cátedra y felicitándote si has perdido un par de kilos tras la última consulta! ¿Por qué puñetas me felicitas? ¿Me van a dar un premio? ¿Acaso he aprendido una palabra nueva? ¿Y tú cuanto pesas?

En fin. Lo realmente jorobado de la dieta es esa necesidad de pregonarlo a los cuatro vientos, si, como ahora mismo. No lo haces por gusto, ni para que la gente apunte tus progresos. En realidad es una táctica astuta. La gente sólo se acordará de que no puedes comer cuando estés a punto de cometer algún pecadillo. En ese momento ponen el Mode Weight Watchers y te recuerdan:

- ¿No estabas a dieta?
- Si, bueno, es sólo un trocito.
- ¡Ah! Tú sabrás.

¡Cabrones! Ahí están ellos agazapados esperando a amargarte el momento, que si no te lo dicen te zampas el Mouse de chocolate sin remordimientos y así, a cámara lenta, lo cambias por una mierda de manzana medio pocha.




Las estadísticas dicen que 40 millones de personas inician una dieta y que sólo 5 millones la acaban. ¿Acaban? No se supone que una dieta e s un amigo fiel que te acompaña toda la vida? En fin, en fin. Yo me voy a por mi merienda. Un par de colines y un zumo de piña y pomelo que queda la mar de chic aunque sabe la mar de asqueroso. Que ya saben ustedes que el régimen se acabó cuando murió Franco.

5 comentarios:

  1. creo que tengo la suerte de no haber hecho dieta en toda la vida, y no estoy muy mal de peso, mediano, gordo no ni mucho menos

    a mí es que eso de la voluntad me sienta mal, eso no es vida

    un abrazo

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  2. Llevo 5 años a dieta y 3 pesando lo mismo. Es justa la vida?????

    No sabes como te entiendo!!
    Por favor lo pido, que alguien invente la pastillita!

    Fybie.

    P.D.: Animo camarada!

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  3. Pues tienes unos pies muy bonitos, y muy delgados.

    ¿Has probado la dieta de la patata? Consiste en comer 10 Kg de patata hervida cada hora.

    Para que no se haga monótona, puedes comerlos en la cocina, en el comedor, en el porche y en el jardín. Se permite añadir sal pero tiene que ser gorda, aunque parezca una contradicción.

    De seguirse esta dieta durante tres meses, puede suceder:

    a) Uno se convierte en una patata (es raro, pero se han dado casos).

    b) Se contrae alergia a los hidratos de carbono para el resto de la vida, por lo que se acaba convirtiendo uno/a/e/i/o/u en una delgada (¿estás segura?).

    c) Se engordan cuatrocientos kilos y le regalan a una el pasaporte norteamericano.

    Prueba a ver.

    Saludos,

    Insensato UNO

    PD: A ver si me dejas algún comentario, tacaña, ¿no serás catalana tú? Mejor el fin de semana, que es cuando tengo menos lectores porque los del ADN se conectan casi todos desde el curro. Muak.

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  4. En realidad me ha hehco meditar si tendrá el mismo efecto la de la alcahofa y la de la piña... ¡No sé cual será peor!

    No es obligación, es devoción Número UNO. Besotes.

    Fybieeeeeeee, calla calla ue te has puesto remenda, que debes tener a los guiris a tus pies con esa belleza alemano-rural. Jaja.

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  5. Yo tengo que elegir, o dieta, o dejar de currar... y siempre gana trabajar, así que no hay dietas que valgan, aunque me cuide mas o menos...

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