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sábado, 10 de enero de 2009

LOS 39 ESCALONES

Habría que estar en otro país para o haberse percatado que Patricia Conde, la presentadora estrella del programa anticotilleos (que en realidad cotillea lo suyo), está haciendo una obra de teatro. Una obra en la que ni corta ni perezosa interpreta a una espía “ruso-franceso-gangosa”, una pija rubiaca y una paleta integral. No habría mucho problema si pudiéramos diferenciarlas sin necesidad de mirar el color del pelo de sus pelucas (cosa que obviamente no sucede).

Para los que pensaban que el papel de Patricia Conde en la tele es simplemente un personaje voy a quitarles la ilusión, posiblemente Patricia Conde sea igual de tonta en la vida real.
O al menos si permanece esta curiosa tendencia en su papel de divina belleza que olvida el texto y se ríe de las bromas de sus compañeros incluso sobre las tablas.

Para ser justos y honestos no se puede juzgar una obra por uno de sus intérpretes, aunque en la obra sean sólo cuatro los actores y por tanto un 25% puede arruinar el resultado final. Los 39 escalones es la adaptación cómica de una de las películas más populares de Alfred Hitchcock, aunque sea posiblemente una de las cintas menos conocidas del autor mientras seguía encandilando en el viejo continente.


Pues bien, Richard Hannay llega a Londres aburrido, sus colegas han emigrado a frías tierras y su apartamento está asqueroso y bastante vacío, por eso acaba asistiendo a una representación de teatro donde un ilusionista con una memoria prodigiosa da respuestas a todas las preguntas de los espectadores. Allí tras un tiroteo acaba con lo que parece una espía en toda regla en su hogar. Tras su misterioso asesinato y unas críticas indicaciones sobre un complot internacional para robar secretos de estado acaba recorriendo media Inglaterra para desentrañar el misterio que esconden “Los 39 escalones”.

La comedia pretende explotar la bis cómica en forma de cientos de gags desenfrenados y, posiblemente, mucho más divertidos en una versión inglesa que en una castellana (léanse los acentos varios, las bromas a la inglesa y demás peculiaridades en forma de Kilt. De hecho posiblemente y tras la retahíla de premios que ha acumulado en los países del idioma de Shakespeare me temo que la medioce adaptación que ha llegado a Madrid es producto de una pobre adaptación del texto a nuestras costumbres e idioma.

La cosa es que el tal Patrick Barlow (en España cuenta con la versión de Jorge de Juan García) se ha forrado explotando humorísticamente los toques cómicos que da la distancia sobre los clásicos de suspense añadiendo algún toquecillo de autobombo cinéfilo y sobretodo con el apoyo del resto de los actores en escena: Gabino Diego, bastante divertido; Jorge de Juan, el más teatral en cuanto a presencia se refiere y Diego Molero, que bueno, ... ahí está.

El resultado son algunos buenos momentos y risas aisladas en una obra que mantiene el ritmo gracias al empuje que atiza Gabino Diego con su indispensable "gracia feucha" que contrarresta el efecto de la catódica presentadora cada vez que olvida una línea o decide reírse de la curiosa indumentaria de sus compañeros de reparto que curran no sólo mejor que ella, si no también considerablemente más.

Estará en cartel todo enero en Madrid, en el Teatro maravillas, y después de una previsible prorroga saldrá de gira, aunque no han confirmado si el reparto original seguirá representándolo.

Si la Conde sigue en la tele previsiblemente será la primera baja, en ese caso les recomiendo encarecidamente que vayan a verla, si ella sigue de cabeza de reparto quizás sea mejor mantener el dinero en el bolsillo o comprarse el DVD de la película, al menos el recuerdo será más satisfactorio y duradero.

2 comentarios:

  1. No me lo creo, sólo risas aisladas? Y luego te ríes con mis chorradas? O es pose u odias demasiado a Patricia Conde. Vale que no es nada como actriz, se limita a ser ella y estar simpática, pero los dos clowns son inconmensurables... sólo por ellos merecen la pena cada céntimo gastado.
    Ayyy, que poco se valora la risa.

    Besitos.

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  2. En mi caso, lo aislado fueron los momentos sin risa. La disfruté bastante, aunque el acento "ruso-gangoso" si que sobraba...

    Un saludo

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