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sábado, 28 de marzo de 2009

LUGARES CURIOSOS DE PARIS: LAS CATACUMBAS

El recorrido más siniestro que se puede realizar por Paris es bajo la superficie. Se trata de una serie de pasadizos subterráneos que los parisinos excavaron hace cientos de años. El Paris de la superficie se construyó con las piedras que extrajeron de estas canteras. La ciudad acabó como un queso roquefort con tanto agujero por lo que las mentes pensantes decidieron rellenar tanto hueco de algún modo, pero eso es otra historia a la que llegaremos en un momento.

La entrada a Les Carrière de Paris se encuentra en la plaza de Denfert-Rochereau. Las escaleras son profundas y llevan directamente a una serie de túneles que trascurren de forma sinuosa y donde se aprecia el trabajo de miles de hombres a lo largo de los siglos.

Sólo se pude visitar uno de los 300 kilómetros de catacumbas que tiene Paris. Pero la visita no es sólo un recorrido por las canteras. La parte más siniestra comienza al traspasar una puerta con las palabras del poeta Jacques Dellile: "¡Detente! Aquí está el Imperio de la Muerte". Y efectivamente no miente.

La decoración a partir de entonces son seis millones de osamentas de parisinos colocadas en armoniosas formas como muros de contención para cientos y cientos de huesos que pueden alcanzar cerca de 30 metros de profundidad en algunas zonas.

Te preguntarás ¿De donde ha salido tanto hueso?

En 1786 Monsieur Thiroux de Crosne, teniente general de la policía, y por Monsieur Guillaumont, inspector general de las minas llegaron a una conclusión: con tanto cementerio y tanto fiambre no había quien parase en Paris, se extendían muchas enfermedades y la insalubridad tenía preocupados a muchos distritos de Paris, incluidos los céntricos como Les Halles. Así que cogieron los restos del cimetière des Saints-Innocents (Cementerio de los Santos Inocentes), Saint Nicolas des Champú y otros muchos.

El trabajo llevó cerca de 15 meses y se realizó sobretodo por las noches con carretas que atravesaban la ciudad con los huesos.

Si, es tétrico pero a la vez es impresionante.

Los pasadizos son inmensos, llenos de recovecos laberínticos por los que el visitante se pierde por un par de horas sin ser consciente de dónde está hasta que regresa a la luz del día por una salida totalmente diferente a la que entró.

Para aquello gamberros que es ideal para obtener un buen souvenir un consejo: ¡Cuidado! A la salida son muy cuidadosos y suelen revisar bolsos y bolsillos y hay igilancia en todo el recorrido. Quien avisa no es traidor.

Es una de las visitas imprescindibles para los que estén hartos de Torres Eiffeles y Louvres.

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