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martes, 27 de octubre de 2009

QUÉ DIFÍCIL ES HACER EL AMOR EN UN SINCAMIL

Señoras y señores hay una raza especial llamada ingenieros mecánicos. Se trata de unos pequeños empollones que han pasado su infancia y adolescencia enterrados bajo toneladas de libros disfrutando de chistes matemáticos y de regalos tan útiles como calculadoras para cada ocasión especial. Esos pequeños piltrafillas renunciaron a tener vida social para obtener una carrera universitaria de prestigio. Por supuesto no tuvieron adolescencia y nunca se acercaron a una chica en sus años mozos lo que hizo mucho más llevadero su problema cutáneo y sus múltiples alergias.

El tema es que cuando estos muchachos se convierten en hombres hechos y derechos con su sueldazo de echar para atrás y recuperaron el estatus de seres humanos consiguiendo llevarse a las chicas de calle enseñando su carné de trabajadores de Ferrari. Ese fue el momento en el que decidieron sacar a la luz su verdadera cara: Han encontrado el modo de vengarse de la humanidad.

Ellos, con su sueldo y su pisito en el centro, han dejado atrás la precariedad que aún acompaña a esos matones de instituto a los que secretamente siguen guardando rencor. ¿Qué pueden hacer para boicotear sus ya de por sí penosas vidas? Sencillo, crear un instrumento de tortura que haga que sus portentosas capacidades amatorias queden en ridículo.

Como decía, a estas alturas en que un mancebo de treintaitantos tenga casa es casi como pretender encontrar un buen trabajo fijo, con buen horario y bien pagado, una utopía vaya, así que se recurre a un sistema antiguo y tradicional como es el vehículo de cuatro ruedas también conocido como coche. Si ya de por sí esta situación es incómoda y peliaguda el ingeniero se ha encargado (a conciencia) de hacerla además muy incómoda. Se entiende que entre tanta comodidad, tantos servicios, tantos extras y por supuesto tanta seguridad debería entenderse que la simple idea de “liberar tensiones” en el coche debería ser ergonómicamente más cómodo.

Yo imagino a “Rafita” aquel entrañable empollón del fondo de la clase que tras perder por enésima vez el dinero del bocata pensaba. “Te vas a cagar, voy a poner el freno de mano en un lugar tan comprometido que no te lo van a poder sacar ni con un aspirador”. Y el freno de mano no es nada comparado con la palanca de cambios, las manecillas de la puerta o el gran riesgo de morir desnucad con la varilla para bajar las ventanas.

Por eso os aviso jovencitas ingenuas. Quizás aún estéis a tiempo de conquistar a un ingeniero en potencia que si bien os dará una vida muy aburrida cuando saque el Ferrari o el Mercedes descubriréis que quizás el tamaño (del coche) también importa.

3 comentarios:

  1. Jovencitas que sois unas casquibanas con tanga visto y pasais olimpicamente del empollon y os mola el repetidor garrulo:
    Los coches tienen en las puertas un cajon donde el repetidor llevara la farlopa y los cd's. Es el mismo sitio donde tu padre lleva la camiseta rota para limpiar los cristales. Bien, pues las cajas de cd's son asesinas y se os clavaran en las rodillas y os dejaran una cicatriz.

    Isabel

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  2. jajaja! Desde luego que no piensan en eso cuando diseñan los coches :)

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  3. Es más, yo creo que, teniendo en cuenta los tiempos que corren y lo dificil que se hace ligar hoy día, la frase podría ser simplemente "Que dificil es hacer el amor"... sin simcamiles ni seiscientos de por medio vaya.

    Besos... Uy, no, que me pegas la gripe, déjalo, déjalo.

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