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viernes, 1 de noviembre de 2013

Etiquetas

El mundo está lleno de etiquetas, es inevitable. No es que sean necesarias pero a la gente se le hace más sencillo tenerlo todo controlado. Están las más habituales: "eres alto o bajo, pequeño o grande, feo o guapo, gordo o delgado", son las de reconocimiento, muy básicas y a veces las más crueles. Luego están esas que en realidad te definen esas que usas cuando alguien te pregunta ¿Quién eres? o ¿Qué eres?

En las entrevistas de trabajo de mi empresa me encuentro muchas veces en estas circunstancias. Cuando se hace la ronda de preguntas de donde se trabaja la gente no dice "Trabajo en ... ", dicen "Soy cartero, jefe de equipo, director,..." . Es algo que me llama poderosamente la atención porque denota que si ERES eso significa que o amas mucho tu trabajo o has limitado poderosamente tu vida. Por fortuna o desgracia cuando llega mi turno y digo "trabajo en ..." todos están tan ocupados intentando hacerse los importantes que no se dan cuenta en la sutileza del mensaje. Yo soy otra cosa, lo siento.

Cuando vivía fuera las etiquetas eran nacionales, sirvieron para acentuar mi necesidad de pertenencia y acerbaron un poquito ese nacionalismo que tenemos cascado los españoles y sólo sale a la luz cuando juega la selección. En Inglaterra yo "Soy Española" para los guiris y "Soy madrileña" para los españoles. Esa etiqueta no me disgustó nada. De hecho cambió mucho mi pensamiento con respecto a la inmigración, los desplazados, y sobre todo me enseñó de tópicos y odiar en ocasiones a los españoles, casi todos turistas, que dejan salir de España para reconquistar el mundo.

Otra etiqueta que me ha gustado mucho siempre es la de "Soy periodista", he ejercido poco pero siempre me ha agradado porque es una etiqueta genuinamente mía que he fabricado y elegido yo misma. Es verdad que la uso poco, de forma circunstancial, pero es la que más me llena la boca.

Ahora me estoy acostumbrando a una nueva etiqueta. "Soy mamá". Como Enano todavía es pequeño no tengo que lidiar de momento con "la madre de". Es una etiqueta que me hace sentir un poco de miedo porque convertirte en "madre de" parece que es ceder un poco tu individualidad para convertirte en un accesorio. Supongo que te acabas acostumbrando porque las etiquetas dan mucha satisfacción a veces. Pero siempre me queda la incógnita de cuanto me va a gustar esta nueva etiqueta.

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