Os voy a contar un poco sobre mí. Lo que más me gusta en el mundo es hacer planes, llenar la agenda de obras de teatro, ir al cine por lo menos una vez a la semana (aunque sea a ver cosas infantiles, no me importa) , planificar viajes con horarios apretados... Esta es la verdad y era una situación que me hacía muy feliz y me daba una sensación de control que me dejaba la mar de satisfecha pero todo esto me lo ha arrebatado el virus. 

Lo primero que hecho de menos es la estabilidad, el no tener que pensar si dentro de un mes o 3 o 5 podremos hacer un plan. Regresar a mis películas y a mis festivales, ver a mis amigos o salir a cenar con ellos. Abrazar a gente o ir al baño sin terror fuera de casa. Cosas que antes apreciaba pero no en su justa medida. Pero creo que hay otros colectivos que han perdido muchas más cosas y los padres con ellos. Son los niños.


Dicen que los grandes abandonados de esta pandemia son los niños y en parte tienen razón. No sólo por lo que les han prohibido hacer, también por lo que no les dejamos. Ya os hablaba de la terrible gestión de Bonoparques animando a las familias a usar el bono ya pagado pero eso es sólo una pequeña parte. La semana pasada colocando la cartea me encontré con un vale de "atracciones infantiles" de esas que ponen en el centro comercial. 20 viajes. Consumidos la mitad. Antes visitábamos el cine y se podía montar en una atracción semanalmente. Lleva un año y pico en la cartera. Se ha casi borrado la tinta térmica. Las atracciones ya se le han quedado pequeñas. Ya no es edad de castillos hinchables o cochecitos. ¿Qué queréis que os diga? Me da pena. Me da pena no haber sido consciente de su última vez en un castillo hinchable o en la montaña rusa infantil, o en los coches de choque de niños porque en un año y medio hemos pasado a la barrera del metro cuarenta y eso limita accesos a muchas zonas aunque le da paso a otras muchas. Eso sí, sin quemar esos cartuchos infantiles de risas y pasando a la adrenalina de forma obligada. 

Por otra parte estamos en la frontera de los 8 años, es decir, ese momento en que los niños empiezan a dejar de creer en la magia. Sí, negaré por activa y por pasiva determinadas cosas aún delante suyo pero los niños son avispados y los hermanos mayores hablan, y al final estas seguramente fueron las últimas navidades reales. Por reales me refiero a plenamente consciente de la fiesta y de la fantasía que se crea en ella. Sin cabalgata, sin actividades, sin salir, sin ir a ver las luces o a comer un chocolate caliente. Si me apuras nos han robado no sólo la navidad, con los eventos de este año nos han robado el invierno entero y no sé como hemos llegado a la primavera y veo un verano desolador. 

No sé cómo llevasteis el verano pasado pero cuando antes decías: Ve a jugar con otros niños o preguntabas si había hecho amigos este año le decías: No toques, no subas, no hagas, no hables... Y acataba. Sin quejas. A pesar de que muchas familias dejaban a los suyos campar a sus anchas y no fuera justo. Ni preguntaba. 

Celebró su cumpleaños encerrado. Con videollamadas. Con los pocos regalos que pudieron llegar y salimos a por una tarta y abrimos durante todo el día las cosas entre risas y videos de gente que le quiere. Le felicitó la policía. Pero al final estábamos encerrados. Las fotos son tristes, quizás no para él porque no es consciente de eso, para él fue un día de ser el centro de atención y de intentar esquivar hablar con la gente. 

Ha generado un odio profundo a las video llamadas y ni te cuento a las clases on line. Casi tanto como yo. Hemos quebrado la barrera de la confianza y hemos gritado más de lo que me hubiera gustado. No ha aprendido a leer con soltura o a sumar y restar como debería. Un retraso que este año se sigue alargando por los parones intermitentes. La generación nacida en 2013 será la peor preparada de la historia. De lejos, con problemas de base en casi todos los ámbitos educativos. 

También les hemos privado de la libertad de correr y saltar, de salir, de hacer deporte. Así que también hemos ganado dos tallas y barriga. Que en el futuro van a ser objeto de estudio ya que han pasado de extraescolares, actividades y deporte a cero. De un plumazo, en un segundo. Primero eran sólo 15 días y llegó entre unas cosas y otras a medio año más los confinamientos que hayan podido sufrir en función de su colegio posteriormente. 

Los padres han perdido la paciencia, los nervios y los sueldos. Cuidar a un niño en casa con teletrabajo es malo pero poneros el lugar del que no puede teletrabajar. ¿Qué hace? Medidas inexistentes para conciliar y cuidar a los pequeños. Cada vez que llega un mensaje del colegio se me encoje el corazón rezando para que no sea un anuncio de un nuevo contacto por positivo. 

¿Alguien de verdad se ha preocupado de su salud física y mental? Porque no va a haber psicólogos infantiles suficientes para tanto trauma. 

El balance, al menos en mi experiencia, es desolador. 

A cambio me han quitado los cumpleaños en los parques de bolas... No sé si compensa. 

1 Comentarios

  1. Mua! Creo que os merecéis un millón de besos. Y aun así, mejor echar de menos los parques de bolas que echar de menos la murga de los abuelos aunque sea por videoconferencia.... ;)
    Ya llegarán tiempos mejores y si no, nos veremos en otra reencarnación y nos reiremos de todo este carajal.
    Conste que yo estoy contenta de que no me aterrorices con excursiones de medio día que se convierten en una excursión de 3 semanas condesadas en 7 horas. xD

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