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viernes, 18 de octubre de 2013

Soy una mala madre

He perdido a bebé. Si, así, sin más. Me di la vuelta medio minuto y "zas" no estaba sentado en la alfombra. Siguió un momento de pánico total. Es un bebé de 6 meses, no puede haberse ido muy lejos, no llega a las ventanas, las puertas están cerradas,... ¡A buscarlo!

Así que pasillo arriba, pasillo abajo entre despacito (atención, en tu subconsciente piensas en ir despacio para no pisarlo) y enajenada. Y allí no aparecía en bicho por ningún daño, nada emitía sonidos, lloros u olor a caca, las señales inequívocas de su presencia.

¿¡Quién puede perder un bebé en su propia casa!? No cabe debajo de la cama, no puede meterse en el armario,... así repetí la batida a cuatro patas hasta que al final, en el último rincón del salón apareció. Apoyado en la pared, detrás de la mesa de más difícil acceso del mundo, comiéndose su sonajero nuevo y sin emitir ruiditos. ¡¡tan contento!!

Claro, en ese periodo de tiempo, que recuerdo como horas pero posiblemente no llegara a un minuto imaginé todas las desgracias posibles que iban desde que se lo hubieran llevado los goblins y estuviera siendo custodiado por Bowie a encontrarlo herido, magullado o lo que fuera (a pesar de que no hay nada, absolutamente nada, a ras de suelo que pueda hacerle daño (me he convertido en una psicópata del la seguridad infantil).

Y en realidad el enano estaba jugando, encontró un lugar calentito, al estar al sol y al lado de una ventana se estás de muerte y encima le permite cotillear la calle, que enano es muy maruja.

De esta experiencia he aprendido que ha que comprarle un GPS para la pierna, de esos que emiten un pitido cuando lo pierdes, que no se le puede dejar sólo ni a sol ni a sombra, y lo que es mejor, que ahora su rincón favorito está debajo de esa mesa y aprovecha la mínima para irse allí de excursión.


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