Para aquellos que dicen que es necesario salir de casa a buscar hombres he de decir que no tienen razón porque en las últimas dos semanas se han sucedido en mi vida.

Primero un día abro una ventana y me encuentro colgado del techo a un señor bastante buenorro abrazado a una tubería. Lo interpreto como una señal divina de que Dios me manda cosas buenas aunque acabe de despertarme y abra la ventana despeinada y en pijama. Saludo al mozalbete y al rato decido fotografiarlo para que quede en mi memoria.

Días más tarde recibo una voz desde la terraza. Prismáticos en mano mi hermana me indica que observe al socorrista de la piscina de al lado. No voy a comentar, me limito a poner la foto y que cada uno tome sus propias decisiones.

Hoy hemos bajado a la piscina mi hermana y yo y nuestro socorrista (argentino ¡¡!!) ha decidido presentarse y darnos coba con interés en saber si pensábamos ahogarnos o no…

La verdad es que Jesús tenía cierta razón con eso de “Dejad que los hombres se acerque a mí”. ¿No era así?