Seamos Sinceros, madrileños, ¿Cuántas veces has oído e incluso pronunciado esta frase? La respuesta es “muchas” si veraneas o veranean en la zona de levante. Y los recuerdos sobre la estación de buses de Albacete serán aún más originales y pintorescos si eres asiduo del transporte colectivo.

Albacete, para que nos vamos a engañar, es un pueblo. Los autóctonos se mosquean cuando oyen decir esto, tanto como la frase del título del post, pero la verdad es que cualquiera que proceda de una ciudad de verdad puede apreciar las diferencias que esto conlleva, ¡Lo que me podía reir yo discutiendo de esto con Llanos! (nombre de mujer sólo comprensile para los que habitan allí). Sus atracciones turísticas están recogidas en la Frikipedia y a pesar de que algunos especimenes han conseguido rehabilitarse con éxito en la civilización (véase los de Muchachada Nui) la cosa es que no van a Albacete ni en vacaciones.

Pero si de verdad quieres molestar a un “albacetense” no hay nada mejor que mentarles Murcia. Y es que los albaceteños son independentistas natos, ríete tú de los vascos. Que cuando se desvincularon de Murcia para quedarse en plan pobre en Castilla La Mancha empezaron a odiarse a muerte.

A lo que vamos. Desde que Albacete se considera como lo que es, es decir, un lugar de paso, los autobuses han decidido que no es necesario ni parar a hacer pis. Lo cual a veces se agradece en un viaje largo, y ahora hacen la parada y fonda en un área de servicio a poco kilómetros de la achaparrada ciudad sin deleitarnos con las kilométricas colas de sus tres aseos con “rancio” abolengo . Eso sí, las esperas se han trasladado y ahora se puede mear en urinarios algo más nuevos y modernos pero parece que el Expediente X de Albacete afecta a esta nueva ubicación en La Gineta.

Atrapada sin salida, ahora en medio de la solana manchega, no funcionan bien ni las máquinas de refrescos. Y la cosa no tendría mucho problema si no fuera porque nos empeñamos en hacer la dichosa parada allí. Me pregunto ¿Por qué? ¿No sería acaso mucho más práctico ir a algún otro lugar con menos gente y donde además no haya tal aglomeración de vehículos? Y es que ahora las principales compañías no paran en la estación ni para coger pasajeros (creo que es un plan maléfico para aislares allí).

Así que el pasado puente me encontré allí, en medio de ningún sitio. Primero tuve que hacer un sprint para poder ir al baño antes de que los cuatro autobuses que llegamos a la vez descargaran sus llenas vejigas. Las colas kilométricas en el área de servicio llegaban a la calle cuando salí de los lavabos. Incauta de mí entré en la tienda donde la gente compraba como posesos miguelitos en este punto empezaba a calcular que para comprar una Coca-Cola era posible que consumiera todo el tiempo de la parada. Como una es rápida de reflejos me dirigí a las máquinas que se encontraban en el exterior con una monedita de dos euros para la compra de algo de líquido. Ja, ja. ¿Pensáis que Albacete colaboraría en algo así de sencillo? Pues no. Las máquinas no aceptaban monedas de 2€, ninguna, ni una sola de las 7 máquinas. Pensareis, ¡No puede ser verdad! Será cosa de la moneda. Pues no, un grupo de lumbreras hicimos el recorrido máquina a máquina con idénticos resultados. Uno finalmente entró a preguntar y volvió con la respuesta: No acepta las monedas y punto. Lo más razonable cando la botella valía “2 euros justos” vamos, que sólo faltaba que no la admitiese por no devolver cambio… Como somos solidarios ni Dios nos cambió la moneda así que entonamos el himno de la localidad: “Una vieja y un viejo van pa’ Albacete” jodidos pero contentos acordándonos de los familiares pasados, presentes y futuros e todos los habitantes de la región y te entran ganicas de comprar un souvenir de la zona, dicese una navaja, y clavársela en el ojo a la chica de la tienda.

Y es que la lección ha quedado la mar de aprendida, el próximo viaje en tren y nos ahorraremos paradas que, al menos, incitan a que mantengamos largas conversaciones al borde de la desesperación. ¡Benditos móviles! ¿Qué haríamos sin ellos? Porque vista la experiencia dudo que las cabinas admitiesen monedas en este “Triangulo de las Bermudas”. Y es que parece que ahora en Albacete no se puede ni cag--. ¡Cómo está el país!