Muchos no confiaban en mí sobre este punto.

Mi obsesión por sesiones maratonianas de turismo y la capacidad de privación de sueño ponían el listón muy alto esto unido a que siempre hay algo que ver en una ciudad por bien que la conozcas parecía que nunca iba a poder llevar a buen puerto este reto.

Pero,… ¡¡YA TAAA!! O lo que es lo mismo I DID IT!!!

El lugar para tremenda hazaña ha sido Londres. Claro, os diréis muchos, como ya has vivido allí no hay nada que quieras ver. Error, cuando sabes que vas a una ciudad siempre acaba llegándote información sobre exposiciones temporales, museos nuevos, actividades varias,… y una no es de piedra leches. Pero el caso es que este fue un Shopping Travel en toda regla y no nos acercamos a ninguna zona de guiris en toda la estancia (pasar de camino a la cena por Trafalgar no cuenta).

Fueron tres días de compras compulsivas. Hemos demostrado que llegar de punta a punta de Oxford Street requiere cerca de ocho horas de camino haciendo parada y sosta en todas las tiendas. Esto ayudó mucho a la hora de no llevar mapa porque era complicado perderse si no abandonas la calle.

El factor fotográfico fue algo más duro pero gracias a la nueva cámara de Bea sólo hay fotos de gente con bolsas delante de las tiendas. Como será que hasta la dulce y tierna compradora compulsiva suplicó una foto en Camden porque sus amigos “querrán ver una foto de Londres y no tengo”.

Y claro, es que no sacar una foto en el Big Ben es muy duro pero no imposible como hemos demostrado.

Y en el plano de monumentos lo más ceca que hemos estado de uno es cuando pasamos al lado de los dos maromos de la foto. Ñami. Aunque hay que reconocer que hemos conseguido ver a más hombres descamisados (e incluso desnudos) de lo que esperábamos cuando salimos del país….

Pero eso ya es otra historia …