En esta pandemia en casa lo hemos pasado mal. Supongo que mi situación puede ser muy parecida a la de otras familias. De hecho seguro que si contara los pormenores de las broncas por hacer la tarea, los dramas de las videollamadas y demás saldrían de debajo de las piedras padres compartiendo su experiencia conmigo y nos podríamos dar palmaditas en la espalda y llorar desconsolados todos juntitos. Y ahora que por fin estamos teniendo contacto con el exterior, entendiendo contacto a poder cruzar un par de palabras o tener referencias externas más realistas que la felicidad que intentábamos trasmitir en las videollamadas, la cosa es que el dicho de "mal de muchos, consuelo de tontos" se hace patente. Y es verdad, la sensación que me ha dado la lectura de Memorias de un padre confinado ha sido de paz interior a ratos, envidia sana en otros y desesperación absoluta alguna vez. ¿Quieres saber lo que hay detrás de este libro?


Rafa Esteve, el autor

Una de las cosas que más entrañable me ha resultado es descubrir a Rafa Esteve, autor del un blog de paternidad que no había leído pero que se ha convertido en un referente de sensatez. En su espacio Ser padre primerizo desgrana algunos de los problemas de la paternidad desde el punto de vista el humor y se descubre siendo un padre primerizo aunque ahora ya tenga dos adolescentes hechos y derechos. Además de su blog tiene en el mercado dos libros llamados  Guía urgente de un padre primerizo y Memorias de un padre primerizo. Ahora se une a la familia este Memorias de un padre confiando. Su blog nació en 2004 como recurso para hablar de su inminente paternidad pero su historia comienza en 1976 en un lugar maravilloso llamado Villajoyosa que, además de ser la cuna del chocolate, es nuestro lugar de veraneo desde hace décadas. Así que el flechazo fue automático. Ahí se acaba la identificación porque aquí el amigo es ingeniero técnico en diseño industrial, empresario y consultor y su forma de ver la vida responde a ese núcleo de personas de ciencias pragmáticas y coherente y no a los anárquicos creativos (que me gusta denominar a todos aquellos que están tan perdidos como yo). Además cuenta con otro talento envidiable, su capacidad de dibujar y hacer comics lo que hace que en el fondo tenga lo mejor de ambos mundos y me de un poco de envidia. 

El libro.

Memorias de un padre confiando es un libro divertido, rápido de leer y muy ameno. Esto es un dato muy relevante para todos aquellos que estamos en una fase de la maternidad/paternidad que limita mucho la capacidad lectora y de tiempo libre. Cualquier libro un poco denso puede ser empleado directamente para provocar la madre de las siestas sin importar la calidad del mismo, si tienes un pequeño ser dependiente (y por dependiente me refiero a cualquiera que no hayas conseguido echar de casa aún) leer puede ser una utopía. Por eso lo que para mi sería una lectura titánica en este caso ha sido una semana de placenteros ratos sentada al lado de la criatura mientras intentábamos hacer la tarea que se ha convertido en mucha práctica de iPad ante los inminentes encierros que auguramos este año, daños colaterales del coronavirus. 

El libro se compone de pequeños capítulos que son como episodios de la pandemia made in Spain. Desde el principio de los tiempos, allá por marzo y hasta mayo cuando por fin empezamos a poder pisar la calle y  responde a la universalidad del virus que no entiende de localidades, barrios o tipos de familia. De esa forma la visión de Rafa, permítanme que le tutee, es muy parecida a la de la mayoría de los padres que nos hemos visto encerrados en casa, más aún si habéis tenido la suerte de teletrabajar (porque si considero una suerte haber luchado contra todo pero haber tenido el control sobre las criaturas a costa de los nervios, los madrugones y las broncas que seguro que también han formado un poco parte de vuestra vida). Es cierto que las partes más felices de descubrimiento los que disponemos de infantes de 5 a 8 años no han sido tan bonitas como la de conectar con un preadolescente en el fondo hasta nosotros nos hemos visto enfrentados con la preadolescencia acelerada y los recursos mermados. 

Hay capítulos muy bonitos y otros que me hacen replantearme mi capacidad como madre. Si bien es cierto que envidio su gestión de las pantallas en la crisis sanitaria creo que los niños autónomos han sido todo un regalo para poder centrar su discurso en esos lugares comunes como los grupos de chat, las tareas del cole o las extraescolares. Pero de su lectura se extraen reflexiones muy válidas y anécdotas muy divertidas sobre cosas que son tan obvias que dábamos por sentadas. Desde explicar el virus a analizar la cultura nipona sin inmutarse y recurriendo a las ilustraciones y a pequeñas ventanas informativas ha conseguido que la lectura sea tan simple y amena que hasta yo haya disfrutado rememorando los días en pijama, las peluquerías en casa o el dama tecnológico, cosa que, en su momento, no tenían pizca de gracia pero de las que disponemos una sutil distancia para empezar a reírnos de nosotros mismos. Gracias a las anécdotas del libro consigues soltar una carcajada varias veces en cada página. Es como si te hubieran abierto una casa cualquiera y te pudieras asomar a sus pequeñas desgracias diarias con la perspectiva del pasado aunque con la incertidumbre del futuro. 

Es un libro que he disfrutado. He ideado un medidor en mi cabeza que consiste en que si los libros recogen imágenes o párrafos que necesitas compartir con alguien es que funcionan muy bien. Me he sorprendido buscando el móvil para mandar fotos de algún extracto a conocidos al no poder remediar ver alguna de sus escenas en mi mente. Y en todos los grupos alguien ha pedido algo más, conocer algún perfil pandémico, saber cómo acaba una historia que les es familiar o simplemente cotillear algún dibujo más de la novela. 

Así que sin destripar mucho más os invito a esta clase magistral, y digo clase porque cada capitulo te asoma a una de las asignaturas del colegio de los peques y hace que sea hipnótico ver la aplicación real a la vida cotidiana de cosas tan absurdas como la desaparición del papel higiénico, las sentadillas en el comedor o las finanzas familiares en su particular clase de economía. un libro que, si seguimos así, puede convertirse en una serie cómica de éxito. Muy recomendable. 

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